sábado, noviembre 07, 2009

De tú a Tú - Revelaciones

.
Alguna vez os he hablado de Galbarriatu, uno de mis personajes. Es un hombre de barrio, de la República Independiente de Deusto, muy normal; amigo de sus amigos y campeón de levantamiento de vidrio. Bueno, pues Galbarriatu tiene la gracia divina de que puede hablar con Dios directamente, de tú a Tú. Todas las mañanas, sin ir más lejos cuando se levanta de la cama Dios le pregunta de dónde quiere que le quite reliquias del cuerpo y él le contesta «de donde quieras: de la presbicia, del oído, del pelo, pero eso que Tú sabes, ni tocar». Y Dios le hace caso y por eso la potencia sexual la tiene casi como la de un chaval de veinte años, casi.

Galbarriatu suele cerrar todas las tabernas de la República. Un día, el tabernero ya no sabía dónde meterse. Pasaba la bayeta por el mostrador relimpio mientras Galbarriatu le hablaba sin parar.

—Tú sabes que ahora los premios Nobel se los dan a la gente por decir cosas de mucha ocurrencia— miraba al vino primero y luego a Txomin, el tabernero, mientras buscaba el ángulo idóneo para que la napia le entrara por el vaso—. Y yo ya estoy haciendo campaña porque— el timón entra a la vía y no tiene más remedio que dejar la frase en suspense— a mí se me ocurren sucedidos que pueden cambiar el mundo. Como lo oyes, Txomintxu.

El vino de azumbre peleón es lo que tiene, que a uno le deja la chaveta con una lucidez espectacular. Y Galbarriatu siempre tiene el vaso lleno y la materia gris lúcida como la de un premio Nobel.

—Galba, termínate ya el vino que vamos a cerrar.
—Me lo termino, pero tienes que prometerme que pondrás un cartel donde todos lo lean, detrás de la barra, ahí— y señala el espejo que hace también las veces de tablón de anuncios: «Hay caldo», «Lotería de Navidad», «Mañana se fía, hoy no»

A Txomin le importa un huevo el sucedido de Galbarriatu y con tal de que se termine el azumbre es capaz de colgar el testamento de su santa madre en el espejo o donde haga falta. Así que le dice que sí, que lo que quieras, Galba, pero termina que van a cerrar la calle.

«LAS COSAS NI SE ENSEÑAN NI SE APRENDEN, SE REVELAN»

Dicho así parece una tontería, pero si se piensa, esa frase es el principio de todo. Eso iba diciendo Galbarriatu por todos los sitios de la República. El letrero se lo había hecho la hija de la patrona de la casa donde se hospeda, que es informática, y luego se había gastado los cuartos sacando fotocopias tamaño DIN-A3. Esa tarde se recorrió todas las tabernas de la República Independiente de Deusto y no paró hasta que todas las fotocopias estuvieron bien pegadas donde todos las vieran. Un espectáculo grotesco, pero eficaz al fin y al cabo para el objetivo que perseguía.

«Estáis todos equivocados. Vais por la vida creyéndoos lo que os dicen y os lo aprendéis de memoria como si fueseis papagayos, pero hasta que no lo sufrís en vuestras carnes no os entra nada en la mollera. No hay nada que podáis enseñar tampoco. Todo lo que aprendéis y enseñáis no son más que espectros de la realidad, fantasmas, palabras vacías. Lo que realmente importa es lo que nos ocurre, la experiencia. Ya lo decía Confucio, quien se acercó un poco a lo que podríamos llamar la verdad: Lo que nos cuentan, lo olvidamos; lo que vemos, lo recordamos; pero lo que hacemos, lo aprendemos. La vida no es más que una revelación constante y solamente tomando conciencia de ello la humanidad podrá avanzar hacia un horizonte de conocimientos, esos que aún no alcanzamos a comprender ni de una forma somera. La palabra, el verbo, como vehículo de aprendizaje, ha quedado obsoleto. Éste no es más que una herramienta burda para adornar lo revelado ante nuestros sentidos. El lenguaje estuvo bien en su momento para comenzar a caminar, un primer paso, un andar a gatas, pero para alcanzar el fruto del árbol del conocimiento, de lo oculto ante nuestra capacidad de entendimiento actual, hace falta avanzar hacia nuevas formas de comunicación. Otro idioma donde la revelación sea el vehículo de comunicación»

Bueno, aquel día, creo yo, Galbarriatu llegó a casa con algún vino de más, porque la campaña fue prolija y se le secaba la boca de tanta revelación. Pero eso sí, convencido de que el siguiente premio Nobel de filosofía (que será, sin duda, instaurado por la divulgación de sus sucedidos) sería para él. Y es que tener comunicación directa con Dios no tiene parangón. Y si no, que se lo pregunten a la patrona de la casa donde se hospeda, dicen que la informática se parece a él.

Otro día más y mejor.

Chuff!!

jueves, noviembre 05, 2009

Gracias

.
¿Quién sabe lo que esconden las palabras?
Dichas así, en el ámbito de un cuaderno de notas,
al pie de una página con demasiados borrones,
esos que borrará la memoria algún día.

Esconderán vuestro cariño y calor
y esconderán las nubes que atormentan
el cielo de mi tiempo aquí, ante esta pantalla.
Esconden quizá amor, amistad y consuelo.

Me hacéis muy feliz, sabedlo.
Es muy agradable teneros por amigos.
Simplemente no sé qué decir y eso
que soy un buscador de las palabras.

Pero es que no las encuentro,
y es que en el abecedario de nuestro idioma
no exiten las letras para fabricar un sintagma
que revele lo que siento por vosotros.

Os quiero tanto. Y gracias. Siempre gracias.

Chuff!!

domingo, noviembre 01, 2009

Nada es igual,,, o «Ne me quitte pas»,

.
Quería comenzar diciendo «nada es igual...», pero iba a resultar idéntico al estribillo de la canción de Enrique Urquijo (Q.E.D.). De todas formas, todo parece un plagio, la vida es un plagio enorme y es tan difícil ser original. Lo que quería decir es que el tiempo ha pasado para los dos y no podemos echarlo para atrás. Hemos quedado esta tarde, llueve, es viernes y a la luz del día parece que se le acabó el carburo. Además, estoy apático, no sé por qué. No tengo ganas de hacer nada. No he sido capaz de decirte «no, lo siento, no me apetece quedar». Esta tarde nos veremos por segunda vez en dos semanas, y había pasado tanto tiempo desde la última vez que nos vimos.

También tengo miedo, he de decirlo. Puede que ésa sea la causa principal si lo pienso. El otro día nos despedimos y yo tuve esa sensación que tanto me agobia de dejarte sola. Conducía a casa y, mientras escuchaba Brown Eyed Girl, supe que estaba huyendo por miedo a lo que pudiera pasar, de mí mismo. No tienes ni idea, no sabes cómo soy ahora. De repente te ha dado el cuarto de hora y no te imaginas el daño que nos podemos hacer. Ya nada es igual.

Hay personas a las que fácil hablar y decirles lo que piensas y lo que sientes. Contigo me resulta complicado a veces, porque no sé si eso crea inseguridad entre nosotros. Quiero decir, puede que nos hagamos una idea equivocada de nuestras intenciones cuando pretendemos contarnos lo que nos hace estar tan solos. Yo te escucho, lo sabes. Pero sólo eso, porque no hay nada más que pueda hacer.

Estás triste porque Neska, tu perra, tiene metástasis y la pobre está sufriendo demasiado. El lunes será su último día. Quería decirte que yo podría hacerlo si tú quieres, pero me estabas contando lo lista que es, cómo sabe quién es quien. Me decías que no hay forma de hacerle pensar que no serás una traidora. Hagas lo que hagas, la habrás fallado. Le vas a quitar la vida y tienes que ser tú quien lo haga. Puedo hablarte de mí, sabes que lo tengo dicho y lo firmaré algún día; y por eso no voy a pensar que nadie me traiciona. Pero tu perra es un animal, crees que sabes perfectamente lo que piensa, pero yo sé que no puedes estar segura de ello. También sé que no vas a llorar, que por mucha tristeza que te cause, guardarás la compostura de mujer fuerte. Lo eres. Y yo no lo soy tanto.

Quisiera que toda mi familia y mis amigos esperaran a un día claro de primavera, con viento del nordeste. Que salieran los barcos e izaran las velas en la bocana del abra interior, como hacemos cuando salimos de regata, y navegaran hasta Aketze. Allí mi hermana, mi querida hermana del alma, cantará su canción y la mía: «Ne me quitte pas». Te preguntarás porqué elijo una balada en un idioma que no conozco, pero es que yo también iniciaré un viaje hacia un lugar desconocido. Esa canción representa para mí el pasado y el futuro, y es además un presente cálido que nunca termina, y mi hermana tiene ese acento que tenía Edith Piaf (QED) que te llegaba al alma. Se la he oído cantar tantas veces y tantas veces lo hizo para mí, que quisiera que fuera su despedida.

Mis amigos saben cómo fondear para que las cenizas vuelen libres a sotavento. Al fondo, surgidas del mar por el capricho del tiempo y la naturaleza (y de los sueños de un niño que creyó en la locura de vivir), están las islas de mi niñez y la tierra más verde que jamás nadie pueda imaginar. Es allí donde quiero comenzar mi nuevo viaje, ese es mi Valhalla. Si tú quieres, si lo deseas, a mí no me importará dormir con Neska para la eternidad cuando me toque comenzar mi viaje.

Podría decirte esto, pero no estoy seguro de si lo aceptarás de la misma manera que yo imagino. Esperaremos un día claro y bonito, con viento del nordeste, navegaremos los dos hasta el lugar que tú elijas y devolveremos sus cenizas al viento, al mar, a la tierra. Y puede que lloremos los dos o puede que nos miremos sabiendo que ya nada será igual.

Te veo esta tarde.
Chuff!!

“Ne Me Quitte Pas” (Jacques Brel)

Ne me quitte pas
Il faut oublier
Tout peut s`oublier
Qui s`enfuit déjà
Oublier le temps
Des malentendus
Et le temps perdu
A savoir comment
Oublier ces heures
Qui tuaient parois
A coups de pourquoi
Le coeur du bonheur
Ne me quitte pas/ Ne me quitte pas/ Ne me quitte pas/ Ne me quitte pas
Moi je t`offrirai
Des perles de pluie
Venues de pays
Où il ne pleut pas
Je creuserai la terreJ
usqu`après ma mort
Pour couvrir ton corps
D`or et de lumière
Je ferai un domaine
Où l`amour sera roi
Où l`amour sera loi
Où tu seras reine
Ne me quitte pas/ Ne me quitte pas/ Ne me quitte pas/ Ne me quitte pas
Je t`inventerai
Des mots insensé
Que tu comprendras
Je te parlerai
De ces amants-là
Qui ont vu deux fois
Leur coeur s`embraser
Je te raconteraiL`histoire de ce roi
Mort de n`avoir pas
Pu te rencontrer
Ne me quitte pas/ Ne me quitte pas/ Ne me quitte Pas/ Ne me quitte pas
On a vu souvent
Rejaillir le feu
D`un ancien volcan
Qu`on croyait trop vieux
Il est parait-il
Des terres brûlées
Donnant plus de blé
Qu`un meilleur avril
Et quand vient le soir
Pour qu`un ciel flamboie
Le rouge et le noir
Ne s`épousent-ils pas
Ne me quitte pas
Ne me quitte Pas

sábado, octubre 31, 2009

Desagües

.
He roto con el corazón
y he hecho de mi alma una víscera.
Todo se enreda cruelmente
para que sigas apareciendo ante mí,
en la levedad de un pensamiento que palpita lejano,
en el desahucio del hospital de mi universo finito.

Se iba mi alma a otro mundo y me dejaba solo,
sin nada más que ese recuerdo vago
que atrapé con mentiras y chantajes.
Ahora es el alma la víscera que impulsa mi sangre.
Y el corazón, el desagüe.
Chuff!!

martes, octubre 27, 2009

El Dado

.
Dedicado a Cristaltxu, porque me gusta pensar que sonríe. Sin más pretensiones.

Él no es Dios y, con todo, se propuso dibujar un nuevo mundo. Él es un hombre como otro cualquiera, a primera vista un poco raro, un misántropo solitario, pero humano al fin y al cabo. Cuando está solo se divierte imaginando cosas increíbles. Por eso no le place hablar con nadie o hablar poco y, cuando lo hace, en voz tan baja que nadie le oye. Usa lentes, más que gafas son anteojos cuadrados, rectángulos enormes pasados de moda; corbata lacónica de flacidez obsoleta; camisa blanca de gastada consistencia; chaqueta mal abotonada y tirantes que le tiran de las pocas carnes que cuelgan de su afligido esqueleto. Los pantalones, bailones al viento, siempre a falta de llegar hasta abajo; los calcetines vueltos del revés y los zapatos negros de opacidad lustrada y talones agotados de andar lastrado. Él es delgado, afilado y alfilerado. Se torna cabizbajo hacia la tarde, aunque a las mañanas se levante adrizado. Mal afeitado; calva ganada en mareas al pulso de la inclinación de su mirada; nariz encañonada para disparar sordos rebufos y ojos para aderezar el olfato de mocos filtrado; telescopios auditivos por orejas, casi hojas de lechuga; dientes derruidos por lo trillados de roer lo pensado; los labios, lindes del cráter de un volcán apagado; lengua zurda para la sintaxis, pómulos de la calavera de una bandera del capitán Morgan, barbilla de mollete; su cuello, el sucinto espacio entre la corbata y la tejavana de sus cocochas, que son ventosas y péndulos de succión de bocadillos de aire rellenos de salivazos. Sus brazos, andas; sus patas, palos; sus nalgas no existen; el costillar de su pecho, flechastes en los obenques del mástil de un barco varado; y su espalda, la media elipse que le faltó a Kepler para completar sus jorobadas leyes orbitales. Él no es Dios, eso está claro y, con todo, se imaginó otro mundo cuya perfección consistía en la némesis de quien le abandonó en este cruel planeta, globo terráqueo, y en el que le había tocado vivir dentro un cuerpo inhumano.

Primero fabricó un cubo: un «dado». Luego, en un lado puso los continentes con sus montes y valles; en otro puso los mares y los océanos; en el tercero, árboles y plantas; en el cuarto a los hombres y mujeres con todos sus niños diablos; en el quinto puso a los bichos, las bestias, virus y bacterias; y en el último, por fin, se puso a él mismo reinando todo el Dado.

Se pasó un día pensando, hablándose a sí mismo, y llegó a una conclusión: que el Dado estaba bien, pero que a él le faltaba algo. Tan solo. Una sexta parte enteramente para sí mismo..., eso era un detalle poco humano, aunque bastante aproximado. Su Dado estaba ya campando en la mesa del salón de su casa, con todas las cosas y criaturas pululando por los lados y cada día añadía algún pormenor sin importancia: el sol en un ángulo, la luna en el otro más opuesto, estrellas en unos vértices y los planetas en otros. Estaba feliz él en su lado del Dado —tan solo—, pero notaba que le faltaba algo. Aunque, bien pensado, ya no tenía que hablarle a la tendera para pedirle lo poco que él rumiaba de vez en cuando, ni contestar a los gruñidos del jefe que le martirizaba con insidiosas peroratas, tampoco al vendedor de periódicos, que nunca aprendió sus gustos fijos, ni disimular ante la vecinita del cuarto que no paraba de preguntar por su gato. Era feliz y decidió que Él no era humano. El dilema, solucionado.

Pasaron algunos meses. Hacía tiempo que Él no salía de su salón para nada, no le hacía falta, puesto que no solamente no era humano, sino que era el rey de la creación entera. Se alimentaba del aire únicamente, pero aún con ello engordó; vivía a oscuras y no necesitaba las gafas; perdió el poco olfato que le quedaba; la lengua se le endureció fosilizada, porque dentro de las fronteras de su extenso país cuadrado no vivía criatura alguna con la que farfullar tediosas e inútiles palabras de dadícolas humanos. Dormía mucho y cuando despertaba jugaba con su universo, su Dado. Ordenaba a sus criaturas según sus caprichosas necesidades y juzgaba a sus súbditos a la sazón de los altibajos de su misantropía. Incluso dispuso de una gran geoda a donde arrojaba a los malos y de una arista a la que ascendía a los pocos buenos que lo merecían.

Los dadícolas son pobres criaturas mortales y Él es completamente dichoso en su Dado.

Quien leyera estas líneas que escribo, se preguntará cómo puedo yo, uno de tantos del lado del Dado donde todos los hombres estamos tan estrujados, saber quien es Él, si Él impera invisible a sus anchas en otro lado del Dado. Pero tanto es el vicio como la virtud de vosotros, los condenados seres humanos, ahondar en conjeturas que nunca oye el que vive a este lado del Dado donde Yo me hallo. Aburríos, desdichados dadícolas humanos, preguntaos cómo vivís tan estrechos y apretados. No os lo diré otra vez.

Yo soy tan feliz con mi Dado. Voy a divertirme un rato.
Chuff!!

domingo, octubre 25, 2009

Siete microrelatos (no iban a ser seis... u ocho. Siete es el número de las maravillas..., por si acaso)

I
Es una falsa alarma que haya llovido hoy. Me estaba mojando, pero la humedad se me fue por las alcantarillas por arte de magia. Sigo tan descalzo como cuando me viste la última vez, ¿te acuerdas?: era primavera. La hierba siempre está húmeda en esta tierra nuestra llena de pies con zapatos. Peor para ellos, llueve y se mojan y viven alarmados.

II
La ciudad está levantada. Buscan sus gusanos para matarlos y así vivir ellos limpios y frescos eternamente. En el socavón de la esquina se encontraron con un pozo; era toda el agua que me supuró a mí en estos últimos otoños. No me importa, que se la queden, pero que no fusilen a mis anélidos queridos.

III
Tengo obsesión con los pájaros. No parece que tengan sangre en sus adentros, ni parece que puedan posarse en el suelo cuando vuelan; tampoco que puedan volar cuando brincan sobre el asfalto. La brea y la gravilla es el cáncer de la hierba, el hogar de los pies con los zapatos. Pero los pájaros se pasean descalzos.

IV
En un lugar del océano se hundieron mis lágrimas. Aquéllas que no quise verter, pero que me surgieron inesperadamente: cuando me enteré de que eras el pez que me había comido. Ahora vives en mí y eres una digestión muy pesada. Seguí llorando y llorando hasta que llegué a puerto. Ahora lloro de risa, porque la lástima se me hundió en el océano y ya no me hace compañía.

V
Todas las estaciones me pertenecen. Tengo la gorrita del revisor puesta para que me reconozcas cuando te pique el billete de tu viaje de vuelta. Te advierto que regresar no es tan entretenido como ir. Es algo así como volver al pasado. De hecho, si me preguntas, te diré que mi futuro ya ha sucedido. Y no sabes lo que me fastidia. Por eso me he puesto gafas oscuras y voy disfrazado.

VI
La ropa estaba colgada en el tendedero del patio. Llovía; diluviaba. Las sábanas, las camisas, los calcetines y ese sujetador tuyo aintilujuria horrible, color carne, todo estaría calado. Abrí la puerta y casi resbalo porque el suelo también estaba mojado. Quitaba las pinzas y la calva se me encharcaba, todo estaba empapado; todo menos tu sujetador encarnado.

VII
Y hoy acabó mi día sin gloria, sin pena y sin mejorar mi paranoia. Por favor, regresa del mundo de las alcantarillas, aunque sea por arte de magia.
Chuff

jueves, octubre 22, 2009

Límpiate la cara

.
La desdicha se viste del color del horror.
Su maquillaje no es perfecto,
make up para el atrezo.
Sólo las palabras pueden curarte, dichas de frente,
mirándote a los ojos, sabiéndote parte de los gestos
que deseas rehuir. No rompas el espejo de la voz.

La desdicha es el disfraz del diablo, que es lo mismo
que el horror. Esa fuerza voraz y no auténtica que
lastima por dentro. Su maquillaje adquiere la forma
de una máscara macabra para una fiesta fuera de temporada.
Y no te deja que le hagas preguntas. Te consumes.

Vuélvete otra vez. Recuerda. Haz ese pequeño esfuerzo
de limpiarte la cara, de escuchar a quien te quiere
(Aunque no le hagas caso), porque eso también cura.
Palabras y gestos contra el dolor de la desdicha.
Y busca en el arcón aquel vestido con el que ibas desnuda.

Chuff!!

martes, octubre 20, 2009

La revolución de los mulos


Algo destruye el tesoro, soy el mulo de la tahona que anda en círculos. Se me ha negado el camino hacia el horizonte. Una y otra vez el tesoro desaparece ante mí. El pozo está lleno de deseos y de cadáveres y bebo de todo ello de la misma manera. El vértigo que produce la visión de su fondo oscuro ya no me hace efecto. Soy el mulo de la tahona. Trabajo fatigoso e inane el mío.

Vuelvo a donde empecé y tengo las manos vacías y los ojos llenos de sueños. El pozo me envenena; sé que tras el horizonte está el arcón que guarda las arras de la voluntad que me desposó, mas ya repudié a semejante consorte infiel. Es la tristeza y el aburrimiento lo que muelen las muelas que cargo; el grano desgranado, los sueños rotos, quimeras deshechas en la amargura del círculo.

En la venta se reparan los peregrinos del camino. Resarcidos de las llagas continúan su viaje hacia el horizonte. Yo los miro dormir tras los cuarterones iluminados de sus alcobas, refrescándose en sus barreños de agua templada y bebiendo el agua que recogieron de los arroyos que atraviesan los senderos de la libertad. Rezan por mí sus triduos atribulados mientras troto menguado en círculos, de sol a sol y de luna a luna. Una mañana se irán y otros llegarán; limpiarán sus ropas talares y sus barbas mugrientas serán pasto de las llamas del hogar mientras ríen recogidos y con sus caras limpias.

El horizonte guarda un tesoro que no es para mí. Lo aprendí ayer cuando la estación del frío me enseñó sus dientes blancos otra vez. Y ya el vaho vitriólico que emana el caudal del pozo resuda en mi belfo enmudecido por las bridas de la desesperanza. Nada significa para mí la libertad si la voluntad me abandonó castrado, roto y desposeído. Esclavo de la rutina. Círculos. Y la bestia libre y fría, cada vez más bestia, amenazándome con sus colmillos. Se pone el sol tras el horizonte, o quizá es el alba lo que atraviesa mi imaginación amputada.

Epílogo:

El mulo que tira de las muelas en círculos verá, en su sofocante trayectoria, de igual manera el ocaso y la aurora. La rutina hacen de él la bestia más mansa de todas las bestias y, una vez domeñada su bestialidad natural en una angustiosa rutina, su propia condición de libertad queda anulada hasta el punto más indigno de lo posible. Es la esclavitud total del cuerpo y la mente, porque nada hace que pueda distinguir el ocaso de la aurora.
La pregunta es: ¿somos nosotros mulos también? Somos, quizá, bestias amansadas, domadas (domesticadas) hasta los límites de la esclavitud más absoluta. ¿No cabe una revolución? Es importante ser libres, aunque nos vaya la vida en ello. Pero la revolución de la que hablo ha de ser sencilla, pausada y personal. Ha de ser la búsqueda y el encuentro (ambas cosas a la vez) de las cosas más simples y que tenemos a mano. Empezando por no dejarnos amaestrar por el rutilante efecto de la mediocridad con la que nos invaden a diario. Y el asombro por lo simple es el principio de todo.
(Este relato está inspirado en la entrada de Antonio Castellón http://dunsany8.blogspot.com/2009/10/lo-mediocre.html en su blog: "Lo mediocre" a quien le dedico estas líneas).
Chuff!!

lunes, octubre 19, 2009

Tribulaciones varias

.
Dosificado el cansancio, me olvido de ti.
Purgado el veneno de tu recuerdo, me mantengo
en la vigilia del no sufrimiento, sin aspavientos.
Ahora sé lo que es beber solamente agua mojada en agua:
esa cosa insulsa que no sabe a nada de nada.

Están todos los pañuelos lavados a conciencia
y bien metidos en el cajón de los calcetines,
Todos en un saquito azul marino que encontré por casualidad.
La misma casualidad con la que me encontré contigo.
Los calcetines son los vecinos perfectos del llanto resacoso.

Toma mi nada, esa cosa que hace que no nos tengamos en cuenta.
Ni para imaginarnos, ni para deslizar siquiera por nuestra mentes
la opacidad del impulso fúnebre que hace que no nos queramos.
Por el pasillo de nuestras casas vacías la nada también vaga sin saludar.
Yo también tengo tu nada y miro el cajón cerrado de arriba abajo.

Incide la levedad de mi vida en la inclinación de tu ausencia.
Evito caer por la cuesta abajo de tus recuerdos.
Se presenta ante mí la ambigüedad de tus sombras
y corro más lentamente hasta que me detengo impasible
ante mis pensamientos. Defección necesaria.


Chuff!!

viernes, octubre 16, 2009

Una noche que se llama otoño



Hoy me di cuenta de que aún queda un lugar para el otoño en mi cuerpo. En algún sitio de mi anatomía se alojan las hojas que se resecan cansadas y el viento helador del nordeste con su luz oblicua de la tarde. Tan sólo ayer lo habría repudiado como quien reniega de su propia alma, ahora me doy cuenta. Pero hoy me he palpado mi propia piel en el viejo castaño del parque, me he reconocido en el reflejo incoherente del agua gris del estanque. «Has de creer en lo que nunca viste, incluso amarlo» fueron sus palabras. «Me reconocerás por el destello que queda de lo que únicamente puedes intuir». En ese momento el reflejo se desvaneció en ondas y a mí me pareció perder la vista.

Llegó la noche y en cada rincón del otoño permanecen los colores que intuyo. Busco un nombre para llamarla, porque no todas las noches son iguales. No todos los peregrinos tienen el mismo nombre aunque pasen siempre de largo. Todo se escapa a mi entendimiento y no encuentro la forma de llamar a esta luz agotada. Entonces, toco mi cuerpo y quiero sentir al castaño, y mi aliento quiere ser el viento frío, pero no encuentra el haz oblicuo que hace de mí una estación del año. Ha llegado la hora, el momento, el instante de creer que todo fue una ilusión. Entonces recuerdo las palabras del reflejo indigente que me habló esta tarde y me percato de que no hace falta ver la vida para creer en ella, ni sentir tu piel para amarte. A esta noche la llamo «otoño» y a mañana «lugar de encuentro». Aunque tú no estarás conmigo.


Chuff!!

jueves, octubre 15, 2009

Hoy seré tú - El conjuro -

Este día es para ti.

Allá estás entre tus artilugios, leyendas y fórmulas.
Desubicada, distraída, aturdida por la distancia de sus palabras.
Pero una vez evocado el conjuro de nuestra amistad pura,
yo seré tú y me haré mujer, más mujer que cualquier otra,
para sentir muy adentro lo que grabó el poeta. Permanecerás en mí.
Mis oídos serán los tuyos y mi corazón y mis ojos y mi asombro y mi encantamiento.


Su voz, su carisma, su figura vieja y sabia,
y todo el eco de sus palabras lo guardaré en tu alma y tu médula.
Viajará la poesía por los laberintos de tus venas para llenarte cielos.
Para cubrirte de sueños, para animar tu desvelo.

Tú estarás en esa sala, cariño, con el poeta. Te doy mi palabra.

Un abrazo (el mejor, de conjuro)
Chuff!!

martes, octubre 13, 2009

Defensa propia

.

No son los ácaros los que me producen alergia, esos horribles arácnidos que vistos al microscopio más parecen alienígenas invasores que seres de este mundo, sino sus defecaciones, es asqueroso. Me compré una mascarilla y la he traído para poder leer un viejo libro que tengo de Hesse: está lleno de ácaros. Y es que no me puedo permitir otro ataque como el del fin de semana pasado, todavía arrastro sus miserias; el pecho cogido y una sinusitis de caballo. Pienso en ello, en los desechos de esos monstruos diminutos y no puedo evitar cierto asco. La mascarilla la guardo en una bolsa de plástico, bien protegida del medio ambiente, por si acaso. No está mal, quizá la use también en el metro. Hace unas semanas, se sentó a mi lado una mujer y su sweater era un criadero de bichos, un zoológico de parásitos microscópicos, y ella no lo sabía; me puse fatal. Al instante comencé a llorar y a verter moquillo por la nariz. Todos se me quedaron mirando como si tuviera la lepra, pero nadie se movió de su asiento. Estuve por decir, «es que soy alérgico al polvo» y señalar a mi vecina de asiento, pero me contuve por educación. En la mochila tenía los kleenex, menos mal. Tuve que dejar de leer y al de dos estaciones me levanté porque no quería morir asfixiado allí mismo, no soy ningún héroe ni un mártir del protocolo. Creo que la mujer se dio cuenta, por lo menos debió de pensar que ella tenía algo que ver con los estornudos y la exasperante moquila que hacía de mi nariz un grifo abierto de agua pestilentemente densa y gelatinizada, porque cuando me marché de su lado, por arte de birlibirloque, mi expresión volvió a recobrar la salubridad de un hombre de salud sobria y normal.

Siempre llevo mi mochila a trabajar cuando voy en el metro: zapatos que intercambio con las playeras para andar hasta y desde casa (son dos kilómetros), un libro, varias revistas, un paraguas plegable, cientos de llaves (oficina, casa, barco, coche..., las llevo todas por si acaso, soy virgo), un bloc de notas, lapicero, gafas de sol, kleenex, un botellín de agua mineral, gafas de presbicia de repuesto, cepillo de dientes y dentífrico y ahora tendré que añadir la mascarilla. Siempre me digo que mi madre tenía razón y le hago caso: llevo las orejas limpias y el calzoncillo impecable, por si me tienen que llevar al médico de urgencia en cualquier momento. Entonces —pienso—, ¿que pensarían si tuvieran que registrar mi mochila para averiguar quién soy? Dirían que soy un loco, un excéntrico de armas tomar. Siempre he querido retar a una mujer en esto de llevar cosas en el bolso. Estoy seguro de que puedo ganar a cualquiera en cuestión de cachivaches. Si además vacío los bolsillos no habrá ninguna que me gane: la cartera, las gafas (las otras, no las de repuesto), el peine, un bolígrafo, los teléfonos (dos de ellos), la calderilla, chicles, crema solar de protección total (para la nariz, que se me pone roja al menor rayito), el mechero, tabaco, más kleenex..., seguro que se me olvida algo. Es terrible, me obsesiona no tener las cosas cuando las necesito. De hecho, guardo objetos en casa aunque nunca los necesite; entonces, ¿para qué los quiero?. Me los meto a los bolsillos: una navaja multiusos, un llavero linterna, un reloj digital despertador, un cordón de los zapatos de repuesto, el cargador del móvil, cacao para los labios. A veces es incómodo andar así por la calle, pero he de reconocer que siempre voy bien pertrechado. Ahora la mascarilla. La compré en una tienda de pinturas. Pregunté; había de varios tipos: las de toda la vida y unas con una válvula, preparadas para filtrar los gases (algo que no entiendo, porque el aire también es un gas, pero le miré a la cara al chaval y me dije que mejor sería no hacer preguntas). Me llevé ésa, la de los gases, por si acaso, no son muy aparatosas, pero cantan un poco si vas por la calle con una puesta.

Cuando voy llegando a casa el vagón está casi vacío, porque es la última estación. Dos o tres chavales y algún jubilado. Cierro el libro, abro la mochila y saco mis playeras; me quito la corbata, guardo la mascarilla; me quito los zapatos, los cambio por las playeras; me arremango la camisa, saco las gafas de sol mientras meto las de presbicia en el mismo estuche. Luego cojo el libro y lo meto en una bolsa de plástico para preservarlo de otra posible invasión alienígena. Me levanto, saco un pañuelo y me sueno, me doy cacao en los labios, me palmeo los bolsillos por fuera; lo tengo todo: la cartera, un teléfono, el otro, las llaves, el mechero, el tabaco, los chicles. Miro debajo del asiento por si se me queda algo olvidado: nada. Perfecto. Estoy sudando y le doy un trago al agua y otro poco de cacao. Por fin llega el tren a la estación. Miro alrededor, los chavales ríen y una señora aparta su vista de mí de soslayo. Que les den. Yo a lo mío. Si supieran el asco que me producen los ácaros. Tengo que acordarme de meter el agua en una petaca, así pensarán que le doy a la priva; me gusta hacer estas cosas, por fastidiar, por escandalizar a los fisgones con cara de ácaro El kleenex lo tengo en la mano con todo el juguillo de bichos, ¿dónde lo pongo? La prueba de un genocidio atroz, uno de tantos, pura supervivencia. Otro día hablaré de mis neuronas: otro holocausto que me aterra. Es que pienso en ello cuando salgo y busco el billete del tren y no lo encuentro. Nunca me acuerdo dónde lo puse: malditas neuronas fugitivas. Saco todo lo de la mochila, vacío los bolsillos, el guarda me vigila y los transeúntes pasan por encima de mí. Me voy a comprar un lanzallamas y acabaré con todos, con los ácaros, digo, y con sus amigos. Espero que me quepa en la mochila.
Chuff!!

lunes, octubre 12, 2009

Y si todo fue una ilusión...

.
¿Y si todo hubiera sido una ilusión? Creemos conocer los vericuetos de la amistad y nunca contamos con una tercera persona que puede interponerse en nuestro camino. Todas tus faltas de atención estaban perdonadas de antemano, lo sabes, pero ahora es diferente. Puedes llamarlo «celos», o lo que quieras, pero ya no es lo mismo. Soy un iluso por pensar que todo era para mí, y lo mío tuyo también. No sé lo que quedará de todo esto, me gustaría creer que al final se arreglará, pero veo nuestro futuro plagado de obstáculos. No discutiremos, lo sé, pero ninguno de los dos nos diremos la verdad, buscaremos cualquier excusa para no salir de nosotros mismos, de nuestro propio mundo enterrado en testosterona. Es el lado oscuro del hombre. Tú tienes lo que querías, en realidad. Y yo, yo sigo teniendo lo mismo de siempre; si quieres, aún me siento más solo, pero ya sabes que me va la marcha.

Me acuerdo del día que me dijiste que te corrigiera aquella carta que le escribiste. Estaba fatal, todo: la puntuación, el estilo, no había por donde agarrarla. Yo te iba tachando palabras y poniéndote frases encima y tú me preguntabas cómo era capaz de hacerlo tan bien. Te iba contando, mientras escribía sin pensar, la historia de Cyrano de Berberac, pero ya la sabías, tienes cultura, y te reías; tampoco se trataba de la misma historia, porque yo no tengo nada que ver con ella. No era más que un juego. Lo que no sabes es que yo pensaba que aquello no era sino el primer paso hacia la distancia. Y ya sé que no fueron mis palabras las que acabaron enamorándola de ti, no, fue tu propia personalidad la que hizo de aquella historia un romance con un desenlace feliz. Pero permíteme decirte que haber hecho aquello me hizo sentir mal; y también todas mis opiniones sin reservas, todas mis palabras de ánimo, mis risas y las bromas que hacían que la ausencia se te hiciera más llevadera. No es que te mintiera, sino que buscaba la manera de que lo llevaras con cierta holgura y cumplieras tu objetivo. No sé si hacía bien, ahora soy yo el que está solo. ¿Podrás darte cuenta de ello? No sé si eres consciente de tus pequeñas faltas conmigo, esas que cualquier amigo acepta, por eso, por amistad. Y por eso lo digo, porque si no logras percibir ciertas cosas tampoco te darás cuenta de otras. Me va la marcha, se lo dirás a ella y ella solamente tiene ojos para ti y oídos para lo que tú le expliques. Es así como funciona siempre, por lo menos al principio. Más tarde, el destino estará cambiado para todos los que significaron algo importante en tu vida y es difícil volver atrás.

Deberías haber aprendido que soy alguien con quien se debe tener mucho cuidado, si es que realmente me quieres. No es lo mismo buscar la soledad que sentirla. Quizá todo son cosas mías y no soy más que un enfermo del afecto y la soledad, y un egoísta. Debería ir a uno de esos psicólogos que te hacen contarles tu vida para buscarte la mejor solución a tus problemas. ¿Qué problema?, esa es la cuestión, que no hay problema. Porque eres de los que crees que lo que no se dice no existe. No es que lo creas, sino que no te conviene reconocerlo. Tú me hablabas de tus cosas y yo te escuchaba y a veces le quitaba hierro a lo que te preocupaba, otras intentaba ayudarte diciéndote lo que yo habría hecho en tu lugar, y otras simplemente corroboraba tus opiniones. Eres muy directo y eso está bien, pero yo no soy así. Yo te hablo de mis problemas y de las personas que me afectan, las que dirigen mis sentimientos. Sabes que son esas personas las que han hecho de mí alguien triste, melancólico a veces, y otras realmente desgraciado. Todo ese conjunto de sentimientos que me arrollan son lo que hacen de mí quien soy, repito. No estoy seguro de que lo comprendas. También hizo de mí un hombre feliz el compartir tantas horas de amistad contigo y esa era mi terapia, llámalo así. Ahora me dices que no tienes tiempo para quedar, para salir a la mar los dos solos como solíamos hacerlo y estás seguro de que lo entenderé, porque me conoces. Y lo que yo sé es que no entendiste nada. Y además, será la edad, quizá, pero yo aprendí a no hacérselo a los demás. Y menos a ti, en quien confié mi amistad. Es una idea que no he sabido transmitirte, o quizá ahora estés demasiado ciego para verlo. Eso, creer en lo que no ves, en lo que no puedes tocar y en lo que nunca oyes explícitamente. ¿En dónde crees que reside la poesía? Y si no existe vida entre cada palabra, dime, para qué sirve la amistad.

Otro día será. Que lo pases muy bien con ella. Saldré solo a la mar. Solo. Y si también tengo que echarte de menos a ti, no sé lo que haré. No sé si podré soportar estar tan solo, pensar que también lo tuyo fue una ilusión, a pesar de no haber fabricado ninguna excusa, ningún miedo, ni desesperanza, para truncar nuestra amistad, como pasó con quienes quise de verdad y dejé que se fueran de mi lado. No sé qué es lo que hago mal, si además sufro por ello. Pero da igual, me va la marcha, ya sabes. Y sabes también que nadie escribirá cartas por mí, quizá algún poeta a quien nunca conoceré, o la letra de alguna canción de un autor desconocido mientras conduzco hacia ningún sitio, pero ésas nadie las leerá.
Chuff!!


miércoles, octubre 07, 2009

Siempre tú

¨¨¨¨
Espera, sigue hablando
hasta que termine esta canción.
Tu voz es tan dulce.
No puedes verme,
si lo hicieras no podrías
evitar apartar mis lágrimas,
y dejar de hablar.

Es tan distitna tu piel de las demás,
arena de nácar,
y tu pelo el trigo de verano
a la luz de la luna.
Sigue hablando, mi amor,
hasta que acabe Fito esta canción.

Mañana ya no estarás conmigo,
tu cabeza sobre mi muslo,
el mismo donde apoyaré mi guitarra.
Pero de esas cuerdas no saldrá
tu voz de hada.

Chuff!!

miércoles, septiembre 30, 2009

Vicios deliberados

.
Hoy, deliberadamente, me he vuelto ciego. Me he permitido practicar el vicio de no ver. Es fácil hacerlo si consigo dejar de pensar en ti. Entonces, la calle se me aparecía como un lugar vacío, sin gente. Las aceras son cuadrículas y el sol es el único habitante que logra rozar mi retinas; tan suave, tan cálido, que a veces parece que volveré a recobrar el sentido que hace de mí un loco por ti.

Estuve mirando libros. No eran más que millones de papeles superpuestos, rellenos de letras, solapados con portadas de colores y títulos grandilocuentes. Deliberadamente, desdeñaba las etiquetas donde se marcan los precios. Me impuse con ello la perversión de vaciarme por dentro y ser la nada absoluta y deleitarme con la frívola fragancia de la ausencia. Una estatua que pulula en una sala de horarios y alarmas, de cajas registradoras con bases de datos absurdos, de música insulsa con megafonía indolente.

Anochece pronto, aunque no tan pronto para alguien como yo, que abraza el vicio de la indiferencia. Marte estará en algún sitio del cielo de ayer, y todos los astros que adoré estarán contando cuentos a quienes aún te ven, pero yo estoy pisando el barro de la nada, tan limpio que no parece barro, sino una leve polvareda que no mancha ni los zapatos. Quiero llegar a casa y quitarme la corbata y la camisa y todos estos ingenios de tortura que hacen de mí un vicioso. La nada.

Hoy, deliberadamente, me volví cuerdo y no me gustó lo que vi. El mundo sin ti, sin ese alma que hace que todo tenga valor, que tenga vida, que duela, que haga sonreír, que importe poco si estoy desnudo o vestido, o si ando bailando, o si canto mientras espero un semáforo. Es un vicio que dejé hace tiempo y hoy recobré para comprobar la diferencia; para constatar mi locura y la delectación que me produce imaginarte a cada momento.

Definitivamente no me gusta: ya estoy pensando en ti. Aunque eso sea un vicio también.
Chuff!!