.
Alguna vez os he hablado de Galbarriatu, uno de mis personajes. Es un hombre de barrio, de la República Independiente de Deusto, muy normal; amigo de sus amigos y campeón de levantamiento de vidrio. Bueno, pues Galbarriatu tiene la gracia divina de que puede hablar con Dios directamente, de tú a Tú. Todas las mañanas, sin ir más lejos cuando se levanta de la cama Dios le pregunta de dónde quiere que le quite reliquias del cuerpo y él le contesta «de donde quieras: de la presbicia, del oído, del pelo, pero eso que Tú sabes, ni tocar». Y Dios le hace caso y por eso la potencia sexual la tiene casi como la de un chaval de veinte años, casi.
Galbarriatu suele cerrar todas las tabernas de la República. Un día, el tabernero ya no sabía dónde meterse. Pasaba la bayeta por el mostrador relimpio mientras Galbarriatu le hablaba sin parar.
—Tú sabes que ahora los premios Nobel se los dan a la gente por decir cosas de mucha ocurrencia— miraba al vino primero y luego a Txomin, el tabernero, mientras buscaba el ángulo idóneo para que la napia le entrara por el vaso—. Y yo ya estoy haciendo campaña porque— el timón entra a la vía y no tiene más remedio que dejar la frase en suspense— a mí se me ocurren sucedidos que pueden cambiar el mundo. Como lo oyes, Txomintxu.
El vino de azumbre peleón es lo que tiene, que a uno le deja la chaveta con una lucidez espectacular. Y Galbarriatu siempre tiene el vaso lleno y la materia gris lúcida como la de un premio Nobel.
—Galba, termínate ya el vino que vamos a cerrar.
—Me lo termino, pero tienes que prometerme que pondrás un cartel donde todos lo lean, detrás de la barra, ahí— y señala el espejo que hace también las veces de tablón de anuncios: «Hay caldo», «Lotería de Navidad», «Mañana se fía, hoy no»
A Txomin le importa un huevo el sucedido de Galbarriatu y con tal de que se termine el azumbre es capaz de colgar el testamento de su santa madre en el espejo o donde haga falta. Así que le dice que sí, que lo que quieras, Galba, pero termina que van a cerrar la calle.
«LAS COSAS NI SE ENSEÑAN NI SE APRENDEN, SE REVELAN»
Dicho así parece una tontería, pero si se piensa, esa frase es el principio de todo. Eso iba diciendo Galbarriatu por todos los sitios de la República. El letrero se lo había hecho la hija de la patrona de la casa donde se hospeda, que es informática, y luego se había gastado los cuartos sacando fotocopias tamaño DIN-A3. Esa tarde se recorrió todas las tabernas de la República Independiente de Deusto y no paró hasta que todas las fotocopias estuvieron bien pegadas donde todos las vieran. Un espectáculo grotesco, pero eficaz al fin y al cabo para el objetivo que perseguía.
«Estáis todos equivocados. Vais por la vida creyéndoos lo que os dicen y os lo aprendéis de memoria como si fueseis papagayos, pero hasta que no lo sufrís en vuestras carnes no os entra nada en la mollera. No hay nada que podáis enseñar tampoco. Todo lo que aprendéis y enseñáis no son más que espectros de la realidad, fantasmas, palabras vacías. Lo que realmente importa es lo que nos ocurre, la experiencia. Ya lo decía Confucio, quien se acercó un poco a lo que podríamos llamar la verdad: Lo que nos cuentan, lo olvidamos; lo que vemos, lo recordamos; pero lo que hacemos, lo aprendemos. La vida no es más que una revelación constante y solamente tomando conciencia de ello la humanidad podrá avanzar hacia un horizonte de conocimientos, esos que aún no alcanzamos a comprender ni de una forma somera. La palabra, el verbo, como vehículo de aprendizaje, ha quedado obsoleto. Éste no es más que una herramienta burda para adornar lo revelado ante nuestros sentidos. El lenguaje estuvo bien en su momento para comenzar a caminar, un primer paso, un andar a gatas, pero para alcanzar el fruto del árbol del conocimiento, de lo oculto ante nuestra capacidad de entendimiento actual, hace falta avanzar hacia nuevas formas de comunicación. Otro idioma donde la revelación sea el vehículo de comunicación»
Bueno, aquel día, creo yo, Galbarriatu llegó a casa con algún vino de más, porque la campaña fue prolija y se le secaba la boca de tanta revelación. Pero eso sí, convencido de que el siguiente premio Nobel de filosofía (que será, sin duda, instaurado por la divulgación de sus sucedidos) sería para él. Y es que tener comunicación directa con Dios no tiene parangón. Y si no, que se lo pregunten a la patrona de la casa donde se hospeda, dicen que la informática se parece a él.
Otro día más y mejor.
Chuff!!
Galbarriatu suele cerrar todas las tabernas de la República. Un día, el tabernero ya no sabía dónde meterse. Pasaba la bayeta por el mostrador relimpio mientras Galbarriatu le hablaba sin parar.
—Tú sabes que ahora los premios Nobel se los dan a la gente por decir cosas de mucha ocurrencia— miraba al vino primero y luego a Txomin, el tabernero, mientras buscaba el ángulo idóneo para que la napia le entrara por el vaso—. Y yo ya estoy haciendo campaña porque— el timón entra a la vía y no tiene más remedio que dejar la frase en suspense— a mí se me ocurren sucedidos que pueden cambiar el mundo. Como lo oyes, Txomintxu.
El vino de azumbre peleón es lo que tiene, que a uno le deja la chaveta con una lucidez espectacular. Y Galbarriatu siempre tiene el vaso lleno y la materia gris lúcida como la de un premio Nobel.
—Galba, termínate ya el vino que vamos a cerrar.
—Me lo termino, pero tienes que prometerme que pondrás un cartel donde todos lo lean, detrás de la barra, ahí— y señala el espejo que hace también las veces de tablón de anuncios: «Hay caldo», «Lotería de Navidad», «Mañana se fía, hoy no»
A Txomin le importa un huevo el sucedido de Galbarriatu y con tal de que se termine el azumbre es capaz de colgar el testamento de su santa madre en el espejo o donde haga falta. Así que le dice que sí, que lo que quieras, Galba, pero termina que van a cerrar la calle.
«LAS COSAS NI SE ENSEÑAN NI SE APRENDEN, SE REVELAN»
Dicho así parece una tontería, pero si se piensa, esa frase es el principio de todo. Eso iba diciendo Galbarriatu por todos los sitios de la República. El letrero se lo había hecho la hija de la patrona de la casa donde se hospeda, que es informática, y luego se había gastado los cuartos sacando fotocopias tamaño DIN-A3. Esa tarde se recorrió todas las tabernas de la República Independiente de Deusto y no paró hasta que todas las fotocopias estuvieron bien pegadas donde todos las vieran. Un espectáculo grotesco, pero eficaz al fin y al cabo para el objetivo que perseguía.
«Estáis todos equivocados. Vais por la vida creyéndoos lo que os dicen y os lo aprendéis de memoria como si fueseis papagayos, pero hasta que no lo sufrís en vuestras carnes no os entra nada en la mollera. No hay nada que podáis enseñar tampoco. Todo lo que aprendéis y enseñáis no son más que espectros de la realidad, fantasmas, palabras vacías. Lo que realmente importa es lo que nos ocurre, la experiencia. Ya lo decía Confucio, quien se acercó un poco a lo que podríamos llamar la verdad: Lo que nos cuentan, lo olvidamos; lo que vemos, lo recordamos; pero lo que hacemos, lo aprendemos. La vida no es más que una revelación constante y solamente tomando conciencia de ello la humanidad podrá avanzar hacia un horizonte de conocimientos, esos que aún no alcanzamos a comprender ni de una forma somera. La palabra, el verbo, como vehículo de aprendizaje, ha quedado obsoleto. Éste no es más que una herramienta burda para adornar lo revelado ante nuestros sentidos. El lenguaje estuvo bien en su momento para comenzar a caminar, un primer paso, un andar a gatas, pero para alcanzar el fruto del árbol del conocimiento, de lo oculto ante nuestra capacidad de entendimiento actual, hace falta avanzar hacia nuevas formas de comunicación. Otro idioma donde la revelación sea el vehículo de comunicación»
Bueno, aquel día, creo yo, Galbarriatu llegó a casa con algún vino de más, porque la campaña fue prolija y se le secaba la boca de tanta revelación. Pero eso sí, convencido de que el siguiente premio Nobel de filosofía (que será, sin duda, instaurado por la divulgación de sus sucedidos) sería para él. Y es que tener comunicación directa con Dios no tiene parangón. Y si no, que se lo pregunten a la patrona de la casa donde se hospeda, dicen que la informática se parece a él.
Otro día más y mejor.
Chuff!!