Sus ojos eran cabezas de alfiler, negros, y siempre me miran. La maté para saber qué hay más allá de la vida. La vida. Sus ojos penetrantes volvieron a mirarme, como lo hacen siempre, como lo hace la vida con su duplicidad asombrosa y absoluta. Pero las cucarachas no hablan. Tendrás que esperar tu turno para llegar a comprenderlo y cuando te llegue la hora, yo estaré allí esperándote con ellas.
Con ellas.
Chuff!!
3 zenyzas:
Curioso experimento, yo alguna vez las he matado sin preguntarme nada de nada... jeje
Saludos ;)
Es que no somos mucho más. Algunos, hasta algo menos.
Besos, Zeny.
Dicen que no importa el lugar mientras valga el encuentro.... Me digo que dirian las cucarachas de su vida...
Llego de lejos, sigo y no me he ido. Un abrazo tierrrrnooo :)
Publicar un comentario en la entrada